miércoles, 12 de enero de 2011

LA EDAD DE UN VASO , Saturno también sabe volar

Las puertas medio abiertas de la alacena eran imposibles de cerrar sobre un marco combado de vieja madera. La cerradura estaba herrumbrosa y una red de alambre cubría el frontal, quizás decorado en su día por una tela protectora de la que no quedaba ni rastro. Dentro, los estantes oscuros almacenaban cachivaches, cacharros y tarros en perfecta desidia, en silencioso desorden. El polvo hacía años que lo inundaba todo.

Un vaso se percibía al fondo en aquel infierno de silencio y olvido, en la esquina. Un vaso sucio y opaco de tanta soledad, de tanto anonimato, de tanta quietud decrépita, un vaso sucio, mugriento, manchado de no se podía saber que líquido pegajoso y olvidado. Los churretones, como de resina antigua y reseca, caían relamidos por sus curvas viejas decorando el grueso cristal desde el borde hasta la base. No fueron unos labios,  hace ya tantos años, lo último que rozó su sencillo borde, provocando esta mugrienta suciedad antigua. No fueron unas manos abrazadas a su calor o a su frío, a su reconfortante líquido bebible, lo último que hizo útil este vaso. No.

Era un vaso sencillo. Uno de esos, harto de ser usado de comidas a  cenas todos los días del año, excepto las fiestas de zapatos limpios; harto de no romperse, lavado y relavado, último superviviente de la docena original en la que fue uno más; hartos todos de que su brillo se apagara y su cristal sencillo se rayara; hartos de que fuera el único que no se rompió, fue llevado con todos los honores a la alacena del olvido.
Pero un niño, ¡hace ya tanto tiempo que se hizo viejo!, un niño que preparaba cola para pegar papel, quizás se lo pidió a su madre. Ella abrió la alacena, buscó un bote y no lo encontró. Así que la mujer, para terminar con la insistencia de la criatura, ofreció al pequeño el viejo vaso inútil. Y así la mano lo tomó, lo llenó de pegamento y dejó jugar al niño, regalando un trozo más de historia al objeto inútil.

- Mira mamá - dijo el chiquillo al terminar - un avión.

Volvió el vaso al rincón oscuro de la alacena, donde fue de nuevo olvidado. Allí quedó manchado y disponible para cuando hubiera que volver a hacer más cola. Espera inútil, porque para pegar papel ya no volvió a ser necesario buscar un bote.

Una buena mañana todos se fueron a empezar otra página de sus vidas en otro lugar nuevo, brillante y alegre. Claro, la alacena se quedó en el rincón oscuro. Ni tiempo hubo de mirar que había de utilidad en su interior. Allí se quedó llena de sus viejas cosas hasta que llegó un nuevo dueño y, viéndola tan decrépita con su triste y sucio tesoro de objetos abandonados, calculó su peso y decidió venderla a un gitano, que pasaba por la calle con su pequeño camión.

-          ¡Traperooooo! ¡Compro, vendo, cambio y a nadie engaaaaañoooo!

Al sacar el viejo mueble a la calle se abrió la puerta medio cerrada y el vaso sucio se deslizó por el estante desde el fondo del rincón hasta la puerta. Disparado hacia el vacío, se escapó de su escondite y volando, por primera vez después de tantos años de inmovilidad, se estrelló contra el suelo de la acera y se rompió.

El último vaso de la docena se rompió tantos años después de romperse los demás vasos, que a nadie le importó perderlo. Pero viejo, sucio, rayado y opaco, la última mano que lo había tocado fue la de un niño que hacía un avión de papel con cola de engomar.

- ¡Mira mamá, un avión! –


                                                                                                                      © Carmen de Hita

sábado, 1 de mayo de 2010

EN BUSCA DE LA MADRE, Símbolos del Elemento Tierra



Artemisa La Bella, EFESO

Artemis-Diana, La cazadora, las tierras vírgenes
Demeter-Ceres, La nutridora, las tierras cultivadas
Hera-Juno, El Hogar, la heredad propiedad de la familia
 

La comprensión profunda y personal de los símbolos permite al astrólogo desarrollar  herramientas eficaces en la interpretación astrológica.

Intentando aproximarnos al simbolismo del segundo elemento, la tierra, nada más natural que observar la estructura simbólica de lo más cercano, nuestro propio planeta, la Madre Tierra.
Pero la Tierra Primitiva ya no es nuestra Tierra actual. Aunque el cine nos transporte virtualmente con tanta facilidad al periodo Jurásico, ya no existe aquella Tierra del origen, nuestra tierra ancestral. Sin embargo, sigue vivo en nuestro instinto, en nuestro recuerdo colectivo el gran símbolo de la Madre Gestante y Nutriente. Símbolo que ha sido reforzado con las expediciones al espacio exterior, en las que los pioneros espaciales han podido observar nuestro planeta como la unidad simbólica, única y hermosa, que guardábamos en nuestras mentes. Esos privilegiados, los astronautas, nos han mostrado, de regreso a la superficie terrestre, algo más que imágenes globales de nuestro mundo. Nos han traído con ellos, su emoción y su relato, su narración y su experiencia frente al mito. Como los argonautas, nos cuentan sus aventuras y las peripecias de su viaje, más allá de las nubes, desde donde, suspendidos en el infinito, comprendieron la grandeza del universo y la belleza de la Tierra. Nunca sabremos si la Tierra es bella porque nos sentimos irremediablemente sus hijos o porque realmente es bella, pero eso no tiene importancia. Como el rostro de la madre es bello a los ojos de un niño, así a nuestros ojos la contemplación de nuestro planeta azul nos hace experimentar su majestuosa y serena hermosura. Y así, la grandeza de nuestro planeta observado desde el exterior se ha convertido en una imagen normalizada, cotidiana, permanente, necesaria y sorprendente.


La madre Tierra está· a punto de comenzar un parto del que una nueva Humanidad nacerá. Desde el exterior, sus hijos la observarán frente a ellos como un ser diferenciado, aunque el cordón simbólico siga uniéndonos a Ella.
Ya es hora, por tanto, de que nosotros, sus hijos, demos un paso evolutivo más y cuidemos de la Madre. Pero, ¿quién es Ella? ¿Quién es la hermosa Tierra? 
Así como el niño dentro del vientre materno no puede ver a su madre, pero la siente, la huele, la oye y, por fin, al verla la reconoce, así, para realizar bien el viaje y explorar muy lejos, allá donde nuestras mentes se hagan lúcidas y libres, antes tendremos que saber bien quién es Ella, y en consecuencia quiénes somos Nosotros.


Sucedió que saltamos al espacio vacio y allí no existía nuestro peso , ni gravedad.



¿Entonces fuimos felices ?

viernes, 26 de marzo de 2010

AZIZA baila


Sobre la columna, bajo la columna.
Sobre el cielo, bajo el suelo.

¿Donde estamos nosotras, las fértiles damas de la vida?
¿Donde está nuestro gozo?
¡Quiero ver, hacia dentro y hacia afuera, por los poros de mi piel!

Delante de mí, en escena, una niña se asoma a la existencia y descubre sus manos de tejedora de sueños imposibles.

Pero el suelo quema, sí, como la sangre de la primera vez, como el semen de los hombres, como los ojos de los deseos, como la luz del cenit sobre los pechos desnudos, sobre las espaldas firmes a pesar del miedo.

A pesar del miedo... soy yo.

Lo fascinante de los hombres es que sienten fascinación por las mujeres.
Lo fascinante de nosotras, es que empezamos a fascinarnos con nosotras mismas, ¿y esto es nuevo?.

Trés fases tiene la Luna, y otra oscura. Trés tiempos tiene la vida...

La Creciente, armoniosa Afrodita,  bella y sutil virgen desvirgada.

La Llena, blanca inmutable, arrastra su manto sobre el rastrojo y con los pies roza el fuego de la vida. Es rotunda su belleza cuando el pelo cae hacia atrás en una cascada incontenible. Erguida, su estatura se duplica. Esta sí es carne de mi carne.

La Menguante, ella es la hechicera. Para unir el todo, antes ha separado las partes y las ha medido, solo así podrá inventar de nuevo la aventura.

La Oscura, caldero nutriente de todas las cosas, gestante del nuevo ciclo. Latentes están, durante los trés días de Luna Negra, el caos y el orden, la armonía y la lucha.

El embrión de lo que será se condensa en una gota de rocio al amanecer. Y en una espiral sin fin, la dadora de la vida, tejiendo y destejiendo, mira sus manos con placer.

domingo, 28 de febrero de 2010

LA ESPUMA, tiempos de Piscis



Holanda, Mar del Norte

Islas Frisias Occidentales
Texel, Den Burg 53º 3’N, 4º 48’E












Después de navegar con buen viento habíamos llegado a la isla de Texel, donde amarramos el velero y bajamos a tierra en el puerto de Den Burg. Alquilamos unas bicicletas y fuimos hasta el lado occidental de la isla. Con un poco de suerte, quizás encontraríamos focas.

Esa tarde, vimos tantos pájaros que se nos puso el corazón alegre. También vimos focas, pero no en libertad, sino en una reserva biológica donde los holandeses han instalado un hospital para curar a estos animales cuando son dañados por el hombre.

La isla no tiene apenas árboles, por eso seguramente se me dispararon los sentidos al atravesar un bosquecillo de hayas. En aquel momento rodaba sola por el camino, manteniendo cierta distancia con mis compañeros. Frené secamente, dejé la bici y me aproximé a un grupo de cinco o seis árboles. 

El lugar era sereno, tan sereno que podía escucharse el silencio de la madera atenta a mi paso. Supe que ellas me observaban, porque eran Ellas, las hayas las que me habían detenido. Me acerque despacio, toque el tronco del primer árbol, era suave y liso. Con la certeza de la suavidad en mis dedos,  sentí que había rozado la intimidad de la espesura.

Me acerque a otra y otra, y sentí simpatía por aquella que se encontraba al fondo del claro. Me atreví un poco más y puse las manos sobre ella. Fue como si me llamara dulcemente, entonces acerque mi cuerpo al suyo y la abracé despacio hasta apoyar mi mejilla en la corteza. Cerré los ojos. La oía. El haya me dejaba sentirla. Sentí su naturaleza, casi femenina, y comprendí las cualidades que la  diferenciaban de los otros árboles que yo conocía.

No era la primera vez que me aproximaba así a un ser vegetal. Conocía ya el rumor de los robles y las encinas, de los pinos y los enebros, los olivos y las higueras. Pero nunca un haya. Me pareció que ella se divertía con mi experiencia. Acogedora y cómplice, creí sentirla reír silenciosamente.

Un ruido en el camino me hizo volver a la realidad. Era Carlos, compañero de la tripulación.

- ¡Carlos ven! He sentido el haya como si me hablara ¡Es femenina!-
Carlos ni se inmutó, estaba acostumbrado a esta conversación continua. Se acercó y rozó el árbol.

- Sí, lo es- dijo y me sonrió.

Esa noche la Luna Llena era majestuosa. Salimos a pasear por encima de los polders. A un lado el mar, al otro lado las casas del pueblo de Den Burg. Las casas se construyen por debajo del nivel de las aguas, al amparo del muro de contención del pólder. La hermosa luz de la Luna iluminaba todo como un gran farol marinero, y Carlos me hablaba de la esencia de Dios. Pasamos cerca de algunos compañeros, y nos reímos: ¿qué estarían imaginando al vernos?

Al volver a la taberna encontramos a todos en plena fiesta, alegres y bebidos de cerveza hasta el sombrero. Nos unimos a sus risas y a sus bailes.

Quizás por eso, cuando cambió el viento a nornordeste y el capitán dio orden de partir, todos prometimos volver, algún día, a esa isla feliz.

Pero mira tu por donde, que viajaba en el barco una mujer de Málaga, muy alegre y simpática, que cantaba suavito y bien. Aquel día se me había acercado y me había pedido que le contara un cuento, un cuento solo para ella.

- Anda Carmencita, hazme un cuento que yo me pueda acordar de lo bien que nos sentimos cuando esté lejos de aquí ¡Anda, cuéntamelo!-

Dándole vueltas al deseo, me marché a mi litera y me dormí.
Y entonces sonó la puerta del camarote y se abrió sin esperar respuesta.
En el umbral, a la luz suave e imprecisa de la claraboya, aparecía una silueta. Alta, esbelta y serena se recortaba una mujer de largos cabellos y actitud tranquila. Poseía una extraña dulzura. Mantenía los brazos caídos a ambos lados del cuerpo, cubriendo sus hombros una larga túnica blanca.

Al resplandor de sus ojos, almendrados y azules, como las aguas del Sur, se alumbró una imperceptible sonrisa.

Me miró largamente, dejándome tiempo para reaccionar.
Pensé que nos conocíamos desde siempre, aunque nunca nos hubiéramos visto. Sin saber exactamente él por qué, sus rasgos me recordaban a los míos.
La miré expectante, y entonces, sin mover los labios, dijo:

- He venido a verte-
- ¿Por qué?-
- Tú me llamaste-

Por un instante me sorprendió la respuesta, pero hasta en lo más profundo de mí supe que era cierta. Sin conocer el cómo, ni la razón, era yo quien la llamó a mi lado.
 Adivinó mis pensamientos y sonrió con ellos.

Entonces, como si de espuma se tratara, su rostro y su figura temblaron en la sombra del pasillo. Al igual que la ola en la playa, se deshizo a mis pies.

Un olor suave a mar se me quedó en la ropa y, en las mejillas, la sensación de un beso tierno.

Fue solo entonces cuando supe que el Espíritu del Agua había tomado forma para impregnar mi pelo y besarme las manos.

Mas tarde, en puerto, alguien que no recuerdo me contó una extraña leyenda de la Ninfa de las Aguas, aquella que viene a darle forma

a los pensamientos de los hombres,
a los sueños de los niños,
a las reconciliaciones de los viejos.

Aquella que viene con la marea y con ella, cuando se lo pides, te lleva. 

miércoles, 28 de octubre de 2009

Y HABLANDO DE MUJERES, ATENEA

-“¿Cómo imagina a Dios?”
-“Dios es negra”.
Respuesta de una activista del Movimiento por los Derechos Civiles, en EEUU, a la pregunta de un periodista blanco, 1968


Tres fueron las diosas que compitieron ante Paris por la manzana dorada de la belleza: Hera, Afrodita y Atenea. Ganó Afrodita y, a partir de entonces, el bello Paris tuvo dos enemigas terribles y un verdadero problema.

Ningún hombre mortal debería tentar a la suerte provocando el despecho de dos mujeres, diosas poderosas de atributos innumerables. Pero, superándose a sí mismo, Paris aún cometió otro error raptando a Helena y provocando así la ira de los hombres. Nos cuenta Homero en la Iliada que la Guerra contra Troya llevó el desastre a la ciudad, que sucumbió ante el ejército de los griegos y ante su diosa protectora, Atenea, la cual hizo alarde de su ingenio y sus conocimientos de estrategia militar durante toda la contienda.

Decididamente, ofender a una diosa “lista” es un error.

Pero, así y todo, la historia esta plagada de ofensas al libre pensamiento y a las personas que lo practican. Por ejemplo, en nuestra época, la libertad personal se ha convertido en el paradigma de los bienes más deseados. ¿Quién no aspira, en mayor o menor medida, a disponer de libertad de decisión en su propia vida? Sin embargo, para aquellos y aquellas que ponen todo su empeño en obtenerla se plantean auténticos problemas de aislamiento e incomprensión social.

Por esta razón, hablar de Atenea es hablar de la nueva estrategia humana, de los nuevos tiempos y de un nuevo concepto sobre el significado social de ser hombre o mujer.

Como otros compañeros astrólogos, yo también coincido en reconocer a la Diosa Atenea como simbólica regente femenina del signo de Acuario. Así, sugiero al lector que estudie el mito griego de Atenea y compruebe como resulta enormemente coherente con la sensibilidad innovadora de las cualidades acuarianas.

La diosa Atenea, a quien los griegos llamaban Palas Atenea, protectora de la polis de Atenas, era venerada bajo dos aspectos: como diosa guerrera y como diosa de las artes, de la paz y de la inteligencia. En ella estaban reunidas la máxima fuerza y la máxima sabiduría.

Tengo que confesar que Atenea, personalmente, me fascina. He aquí una de sus imágenes más elocuentes, Atenea Pensativa, que se encuentra en el Museo Arqueológico de la Acropolis Ateniense:


Su túnica, el peplo ritual que ceñían las jóvenes muchachas atenienses durante las ceremonias religiosas en honor a la diosa, cae recto en pliegues simétricos hasta el suelo, marcando su silueta.

La imagen de la diosa recuerda una austera columna dórica, semejante a las blancas columnas de mármol de su Templo, el Partenón. En su vestido se expresa la aparente y elegante simplicidad del pensamiento puro, que en realidad sólo se obtiene de la alta sabiduría. Pero si miramos bien observamos que las cintas del peplo marcan sus discretos senos de joven mujer.

Sí, debajo del austero vestido de Atenea se encuentra agazapada una mujer... que piensa.

Y quiero pensar que esta mujer fascinada por el pensamiento, también es capaz de fascinarse por los sueños. Y entre todos los sueños, por el más difícil de alcanzar: el sueño de la libertad. Libertad para gobernar su propia vida y su destino, sin renunciar a nada.

Así, con los avances innovadores de nuestro tiempo, tanto tecnológicos como sociales, cada vez con más frecuencia observamos el despertar de Atenea en nuestro entorno más cercano.

Nuestras Ateneas contemporáneas no renuncian a la seducción, tampoco al sexo, todo lo contrario, no renuncian fácilmente a ellas mismas.

Es previsible que, acostumbrada aun nuestra sociedad a otros conceptos femeninos-masculinos más arraigados y antiguos, Atenea sea percibida como una diosa extraña que se rige por otras normas.

Es normal, socialmente, que este nuevo estilo de personas (lo mismo me da hablar de mujeres o de hombres) provoquen desconcierto en las mentes más adaptadas a antiguas formas sociales. Pero es importante reconocer que del desconcierto Atenea obtiene la oportunidad de observar, analizar reacciones y comprender mejor la sociedad que la rodea. Porque para Atenea, que es por esencia un ser sociable, comprender a los otros es el único camino para amarlos, para integrarlos y así mantener la convivencia.

Y siguiendo la observación de Atenea Pensativa aún podemos destacar un par de ideas. Observemos la lanza que la Diosa porta en su mano: Finalmente es un arma. Observamos a Atenea pensando, meditando, apoyada sobre un arma ¡Vaya!

Desde el concepto femenino, es decir de introspección, podríamos utilizar el término de “herramientas estratégicas” para definir aquellas armas que sirven para marcar los límites de la independencia y por tanto, también de la seducción: “Armas de mujer”.

Así, la diferencia entre la espada y la lanza, se basa en su manera de uso. La espada requiere de la fuerza incisiva, centrífuga, masculina, del guerrero para ser eficaz. Mientras que la lanza puede utilizarse de dos formas: puede lanzarse contra el adversario y una vez fuera de la mano actuar por su propia inercia, o bien puede ser apoyada contra el suelo (no es necesario tener mucha fuerza) y esperar el ataque del adversario, es decir, utilizando su fuerza centrípeta, femenina.

La espada simboliza la voluntad activa, la lanza es la intuición.

Por eso Atenea lleva lanza, porque sobre la intuición se apoya la Diosa para hacer caminar su pensamiento.

lunes, 21 de septiembre de 2009

LA ASTROLOGÍA AL SERVICIO DE LA NUEVA CULTURAL DE LA SALUD

Desde el análisis astrológico se considera al ser humano un Microcosmos reflejo directo del Macrocosmos que nos contiene.


Es decir,  la Astrología asume que cada vida individual forma parte de la vida conjunta del universo, ocupa su lugar en Él y lo representa en su integridad.


Así, las investigaciones sobre psicología profunda realizadas por Carl Gustav Jung asumen este gran principio hermético, definido como Ley de la Sincronicidad:  todos los acontecimientos universales están interrelacionados entre sí por medio de leyes sutiles que es posible observar.


El objetivo de la Antigua Ciencia de la Astrología ha sido siempre el mismo: comprender los ciclos humanos a través de la observación de los ciclos celestes para adaptarnos mejor a sus acontecimientos y así mejorar la calidad de la vida humana. El pronóstico astrológico se realiza para mejorar la respuesta humana ante las dificultades y ante las crisis que, tarde o temprano, todos tenemos que afrontar.


Por esta razón, la Astrología puede y debe ser utilizada como una potente herramienta de búsqueda de oportunidades que nos ayudará a utilizar en plenitud nuestras cualidades humanas, aprendiendo a elegir el tiempo y la situación oportunas. Es decir, la Astrología Predictiva, Astrología Dinámica, nos ayuda a comprender cuándo, dónde y cómo podemos dar lo mejor de nosotros mismos con la máxima libertad posible, con sabiduría y madurez.

La aplicación de la Ley de la Correspondencia, "Lo que es arriba, es abajo", dota al astrologo de la capacidad de comprender de forma integral nuestro cuerpo, mente y espíritu.


El cuerpo humano es un reflejo del cosmos que le rodea. A modo de ejemplo simplificado, se presentan a continuación algunas de las correspondencias simbólicas que la Tradición Astrológica Médica utiliza para analizar el cuerpo físico de las personas a través de  los signos zodiacales:

ARIES: Cerebro. Huesos de la cabeza. Ojos.

TAURO: Cuello y garganta. Equilibrio del oído interno.
GÉMINIS: Vías respiratorias superiores. Pulmón y su relación con el corazón. Extremidades superiores
CÁNCER: Pechos. Estómago. Diafragma.
LEO: Plexo solar. Corazón. Bazo. Páncreas.  Espalda
VIRGO: Vientre-abdomen. Apéndice. Intestino. Vesícula biliar.
LIBRA: Riñones. Pelvis. Glándulas suprarrenales. Sistema vascular de la piel.
ESCORPIO: Vejiga de la orina. Región Lumbar. Útero-próstata. Sangre.
SAGITARIO: Músculos en general. Muslos. Hígado
CAPRICORNIO: Rodillas. Glándulas tiroides. Huesos en general.
ACUARIO: Sistema nervioso de la médula espinal raquídea. Tibia y peroné. Ligamentos y tendones.
PISCIS: Pies. Sistema linfático

Desde tiempos muy lejanos los astrólogos y los médicos trabajaron conjuntamente y estudiaron las características concretas de cada individuo, buscando sus fortalezas y sus debilidades físicas, para comprender el ciclo de las enfermedades, prevenir las crisis, personalizar las terapias a aplicar a cada enfermo, diagnosticar las dolencias y diseñar los medicamentos más adecuados y decidir cuándo deberían ser administrados. 


Pero llegados los tiempos del progreso industrial, la ciencia empírica desarrollada a lo largo de los siglos XIX y XX en la civilización occidental olvidó todos estos conceptos, acusándolos de ignorancia y supercherías.  


Inevitablemente, rectificar es ley de vida. Y así,

Una nueva Cultura de la Salud se está desarrollando de forma imparable en la sociedad moderna: Cultura respetuosa con los antiguos conocimientos, innovadora en su aplicación, ansiosa en aprender cada vez más las nuevas y revolucionarias técnicas científicas contemporáneas. Una Medicina Integral que atiende, por supuesto, el estado de enfermedad de las personas, pero que centra su objetivo en la prevención y el mantenimiento integral del estado de salud de cada individuo y de la sociedad en su conjunto.


El conocimiento astrológico asume que cada ser humano es un ser único, porque cada uno de nosotros hemos nacido en un instante único del movimiento celeste incesante. Cada uno de nosotros hemos nacido en un lugar único de nuestro mundo, con coordenadas concretas. La observación y comprensión astrológica de los seres humanos es una disciplina fascinante, pero también una potentísima herramienta de diagnóstico al servicio de la Nueva Cultura de la Salud.


Sembrar salud día a día es prevenir las crisis del mañana, preparando a las personas para que afronten sus desarrollos vitales en las mejores condiciones posibles, con la mayor libertad alcanzable, potenciando sus verdaderas cualidades, convirtiendo los inconvenientes en oportunidades de crecimiento interior y exterior: aumentar nuestra sabiduría es aprender a vivir en paz con lo que somos.


Como astróloga, creo que este planteamiento puede acercarnos a la felicidad. ¿Qué os parece?


martes, 8 de septiembre de 2009

LA ASTROLOGIA, UNA CIENCIA ANTIGUA EN EL SIGLO XXI




A los estudiosos de la Astrología Moderna nos gusta decir que nuestra ciencia es un Saber Antiguo y, al mismo tiempo, una moderna Ciencia Social y, aunque pueda resultar contradictoria, esta afirmación es para nosotros rigurosamente cierta y con ella estamos comprometidos.

La Astrología como Antigua Ciencia de la Observación, estudia los movimientos de los cuerpos celestes del Sistema Solar y se ocupa de encontrar la sincronicidad entre los acontecimientos celestes y los acontecimientos humanos sobre la Tierra. Este principio básico, denominado principio hermético, se resume en la célebre frase:

Así como es arriba, es abajo

Por tanto, la Astrología considera al ser humano como un microcosmos estrechamente relacionado con nuestro macrocosmos más cercano, es decir, el Sistema Solar en el que habitamos.

La Astrología, llamada también Ciencia de las Ciencias, forma parte de los Conocimientos Antiguos y de la Tradición Mitológica de múltiples culturas. Desde el inicio de las civilizaciones, los seres humanos hemos mirado al firmamento nocturno preguntándonos cómo estará construido y qué lugar ocupamos en él. Podríamos remontarnos hasta el Paleolítico Superior en Europa Occidental para encontrar evidencias de calendarios lunares grabados en los petroglifos de la cornisa cantábrica: aquellos hombres ya observaban la Luna y conocían sus ciclos.

Pero la primera prueba inequívoca de la observación sistemática del cielo la tenemos en la civilización Caldea y es de hace 4000 años. Los caldeos, antiguos habitantes del actual Irak, estudiaron los cielos para mejorar sus tareas agrícolas, ganaderas o de navegación. La más antigua carta astral que ha llegado a nuestros días es de 1200 A.C. y está realizada sobre una tabilla de arcilla que se encontró en Babilonia. En aquella época los astrólogos-astrónomos realizaban sus observaciones desde los templos escalonados, los zigurats, hacían sus pronósticos y diseñaban los calendarios.


El saber de Babilonia traspasó las fronteras y se difundió, tanto hacia la India y Oriente, desarrollando la compleja astrología hindú, como hacia Occidente influyendo sobre griegos, egipcios y, posteriormente, sobre la astrología romana. Así la Astrología Mediterránea, tradición a la que pertenecemos todos los astrólogos occidentales, puede definirse como


Un crisol de conocimiento entre los pueblos de Oriente y Occidente


Pero además, la Astrología Moderna es una potente Ciencia Social, que ha incorporado a sus cálculos astronómicos la rapidez de los ordenadores y que utiliza los modernos conocimientos de la Astronomía y de la Estadística para la obtención de datos.

La Astrología se ha visto fuertemente potenciada durante el siglo XX con el desarrollo de la Psicología y de la Medicina moderna. Su capacidad de análisis se ha visto multiplicada y el servicio que puede dar a los seres humanos, para ahondar en la comprensión del mundo en el que vivimos, es muy importante.


La interpretación astrológica nos permite comprender mejor a los demás y flexibilizar nuestras posturas ante los otros. Es fascinante estudiar el “universo interno” de un ser humano a partir de las relaciones cósmicas de su tema natal. De la mano de la Astrología, los ciclos de la vida cobran un intenso sentido y el conocimiento hace crecer a las personas. De esta forma, los astrólogos serios podemos colaborar en el gran proyecto humano, siendo fieles a la máxima

Conócete a ti mismo

Los astrólogos modernos estamos superando una importante barrera social y en nuestro trabajo se está desarrollando una gran revolución. En la antigüedad, sólo los reyes disponían de astrólogos entre sus consejeros personales; ahora todos nosotros, ciudadanos de a pie, podemos disponer de este Antiguo Saber como herramienta de consulta.


Esta potente Ciencia Social está dispuesta a trabajar para nuestro desarrollo integral como seres humanos, con el objetivo de hacernos más conscientes de nosotros mismos y, por tanto, más libres.